lunes, 3 de mayo de 2010

Recursos de ayuda

Algunos recursos de ayuda, tanto para profesores como para alumnos, son:

Formación del profesorado.

Para llevar a cabo todo lo anterior, es necesario que los docentes sean formados en este ámbito. La formación de los docentes requiere equiparlos para promover la comprensión de la naturaleza profunda de la desigualdad de género y superar las barreras de aprendizaje.


La formación debe ayudar a los docentes a desarrollar soluciones prácticas y debe ir acompañada de seguimiento. Los esfuerzos de las instituciones de formación inicial y de los proveedores de formación en servicio y desarrollo profesional continuo, requieren ser coordinados y bien documentados.


La construcción de redes de maestros para trabajar juntos o en colaboración a través de redes de escuelas y centros de maestros es una forma de sostener la formación y proveer apoyo continuo para los docentes.

La formación de los docentes también requiere abordar no solo cómo enseñan la igualdad de género, sino también cómo la viven en sus vidas privadas, cambiando su comportamiento personal y desafiando algunos de los estereotipos que financian la desigualdad.

Los estudiantes de docencia, y los maestros/as en servicio, requieren oportunidades para examinar y entender sus propias identidades de género, y para comprender cómo la desigualdad de género tiene lugar en las escuelas, así como su rol en afrontarla.

La Fundación Mujeres trabaja por una formación específica dirigida a profesionales de la educación con el fin de dotarles de capacidades, habilidades y recursos que fomenten la transmisión al alumnado de modelos igualitarios entre niñas y niños.

Aquí podéis encontrar una noticia relacionada con el tema.

Igualdad de género en el Currículo


El aprendizaje de las niñas y los niños, y la interacción entre ellos, y con el docente, son influenciados por las formas de enseñanza, las relaciones dentro de la clase y el contenido del currículo.

Como la sociedad cambia, el currículo también debe cambiar. Esto significa que el currículo, y las prácticas de enseñanza, pueden expresar ideas acerca de la igualdad de género o pueden reproducir ideas y prácticas marcadas por la desigualdad de género.

Existe ya un considerable trabajo realizado a nivel nacional e internacional para influenciar el cambio del currículo de manera que este incluya la igualdad de género, y para hacer a los gobiernos responsables por ello.

En las escuelas y los institutos de formación de profesores, el currículo está usualmente cercado, lo cual significa que no es fácil integrar una perspectiva de equidad de género en el diseño, contenido y enfoque de enseñanza de las muchas materias con las que los maestros deben luchar. Más aún, los currículos son frecuentemente desarrollados por expertos y pertenecen al Estado, así que es difícil ejercer presión por los cambios donde ello puede ser visto como un desafío al control del gobierno.

No olvidemos que el desarrollo del currículo para abordar la desigualdad de género no puede ocurrir aisladamente de otros aspectos de la escolaridad, particularmente de las formas de enseñanza, aprendizaje e interacción dentro del aula. Cualquiera que sea el contenido del currículo, la igualdad no se logrará si el ambiente físico no apoya un acceso igual a la educación.

El currículo es tan bueno como los docentes que lo imparten. A pesar de las extendidas desigualdades de género fuera de la escuela, los maestros y maestras pueden hacer la diferencia dentro de la escuela. Si los maestros asumen que una niña puede aprender matemáticas, esto afectará su aproximación a la enseñanza de las niñas y sus expectativas de lo que las niñas pueden lograr en esta materia.


Igualdad de género en la Familia

Día a día vemos en los medios de comunicación noticias relacionadas con esta problemática: cientos de mujeres fallecen cada año a manos de sus maridos, el paro siempre es mayor en el sector femenino, los anuncios de televisión siguen mostrando a una mujer-objeto...


El fracaso de la coeducación reside en la falta de colaboración con las familias. En muchos casos, los progenitores de nuestros alumnos y alumnas están integrados en la realidad escolar y participan adecuadamente en reuniones, fiestas, excursiones... En cambio, es esta parte de nuestra comunidad la que menos concienciada está sobre la igualdad de género. La mayoría de los padres trabajan fuera de casa con un horario que les impide pasar mucho tiempo en el hogar. Las madres que trabajan suelen hacerlo en trabajos con jornada continua o con jornada parcial para así poder atender a sus hijos.

Así pues, aunque los más pequeños colaboren y participen respetando la diversidad de género y evitando la discriminación en las aulas; en casa la realidad es distinta. Son las madres las que pasan más tiempo con los hijos, son ellas las que hacen la comida, cuidan a los hijos, limpian la casa y, en la mayoría de los casos, también trabajan fuera. Y es que no nos hemos quitado el cartel de “mujer” que nos colgaron nuestros abuelos.

Desde la escuela, se debería desarrollar un plan destinado a reforzar los aspectos positivos ya adquiridos por nuestros alumnos, pero también a que esa teoría sea llevada a la práctica en diferentes contextos. Deberíamos eliminar el reparto discriminatorio de las tareas del hogar, para ello se pueden realizar tareas domésticas en clase con ayuda de los componentes de las familias de ambos sexos; por supuesto, fomentando la cooperación y la colaboración en clase.

Los padres, en casa, podrían seguir los siguientes consejos:

  • Tratar de manera igualitaria a hijos e hijas con respeto a las tareas domésticas.
  • Comprar juguetes que no fomenten la desigualdad de género.
  • No usar un lenguaje discriminatorio.
  • Poner en práctica juegos mixtos entre hermanos y hermanas o amigos y amigas.
  • Esperar lo mismo de hijos e hijas.
  • Actuar de manera similar ante hechos negativos los lleven a cabo tanto chicos como chicas.
  • Fomentar la lectura de libros infantiles o juveniles que promuevan la igualdad de género.
  • Dar ejemplo como adultos de una convivencia basada en el respeto, la ayuda, el compartir tareas, la comprensión, la tolerancia, etc.