lunes, 3 de mayo de 2010

Igualdad de género en la Familia

Día a día vemos en los medios de comunicación noticias relacionadas con esta problemática: cientos de mujeres fallecen cada año a manos de sus maridos, el paro siempre es mayor en el sector femenino, los anuncios de televisión siguen mostrando a una mujer-objeto...


El fracaso de la coeducación reside en la falta de colaboración con las familias. En muchos casos, los progenitores de nuestros alumnos y alumnas están integrados en la realidad escolar y participan adecuadamente en reuniones, fiestas, excursiones... En cambio, es esta parte de nuestra comunidad la que menos concienciada está sobre la igualdad de género. La mayoría de los padres trabajan fuera de casa con un horario que les impide pasar mucho tiempo en el hogar. Las madres que trabajan suelen hacerlo en trabajos con jornada continua o con jornada parcial para así poder atender a sus hijos.

Así pues, aunque los más pequeños colaboren y participen respetando la diversidad de género y evitando la discriminación en las aulas; en casa la realidad es distinta. Son las madres las que pasan más tiempo con los hijos, son ellas las que hacen la comida, cuidan a los hijos, limpian la casa y, en la mayoría de los casos, también trabajan fuera. Y es que no nos hemos quitado el cartel de “mujer” que nos colgaron nuestros abuelos.

Desde la escuela, se debería desarrollar un plan destinado a reforzar los aspectos positivos ya adquiridos por nuestros alumnos, pero también a que esa teoría sea llevada a la práctica en diferentes contextos. Deberíamos eliminar el reparto discriminatorio de las tareas del hogar, para ello se pueden realizar tareas domésticas en clase con ayuda de los componentes de las familias de ambos sexos; por supuesto, fomentando la cooperación y la colaboración en clase.

Los padres, en casa, podrían seguir los siguientes consejos:

  • Tratar de manera igualitaria a hijos e hijas con respeto a las tareas domésticas.
  • Comprar juguetes que no fomenten la desigualdad de género.
  • No usar un lenguaje discriminatorio.
  • Poner en práctica juegos mixtos entre hermanos y hermanas o amigos y amigas.
  • Esperar lo mismo de hijos e hijas.
  • Actuar de manera similar ante hechos negativos los lleven a cabo tanto chicos como chicas.
  • Fomentar la lectura de libros infantiles o juveniles que promuevan la igualdad de género.
  • Dar ejemplo como adultos de una convivencia basada en el respeto, la ayuda, el compartir tareas, la comprensión, la tolerancia, etc.

1 comentario:

  1. No sólo la labor de la familia y escuela es válida. También debe comenzar una lucha constante contra los medios de comunicación, para evitar la emisión de estereotipos de género que frecuentemente aparecen en los programas y en la publicidad.

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