Educar significa promover el desarrollo integral de las personas, por lo que resulta necesario favorecer ese valor entre el alumnado para superar las limitaciones impuestas por el género a través de un trabajo sistemático de la Comunidad Educativa.
Desde la familia y en la escuela se proporcionan modelos de conducta y se imponen comportamientos que los medios de comunicación y el grupo de iguales les refuerzan. Si no se hace correctamente, esto puede desembocar en la formación de estereotipos de género y por tanto en la concepción de desigualdad por parte de los niños. El proceso de coeducación, por todo esto, debe comenzar en la familia, seguido de la escuela. Ya que son los primeros espacios de socialización.
Desde la escuela se han de identificar las diferencias entre hombres y mujeres, no sólo físicamente, sino también en los diversos ámbitos de la sociedad. Esto debe ir acompañado de una reflexión sobre aquellos aspectos que generan desigualdad entre las personas por el simple hecho de ser de distinto sexo, aprovechando tales diferencias para enriquecer y completar el desarrollo de los alumnos/as.
Aquí una noticia relacionada con la educación de niñas.
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