El aprendizaje de las niñas y los niños, y la interacción entre ellos, y con el docente, son influenciados por las formas de enseñanza, las relaciones dentro de la clase y el contenido del currículo.
Como la sociedad cambia, el currículo también debe cambiar. Esto significa que el currículo, y las prácticas de enseñanza, pueden expresar ideas acerca de la igualdad de género o pueden reproducir ideas y prácticas marcadas por la desigualdad de género.
Existe ya un considerable trabajo realizado a nivel nacional e internacional para influenciar el cambio del currículo de manera que este incluya la igualdad de género, y para hacer a los gobiernos responsables por ello.
En las escuelas y los institutos de formación de profesores, el currículo está usualmente cercado, lo cual significa que no es fácil integrar una perspectiva de equidad de género en el diseño, contenido y enfoque de enseñanza de las muchas materias con las que los maestros deben luchar. Más aún, los currículos son frecuentemente desarrollados por expertos y pertenecen al Estado, así que es difícil ejercer presión por los cambios donde ello puede ser visto como un desafío al control del gobierno.
No olvidemos que el desarrollo del currículo para abordar la desigualdad de género no puede ocurrir aisladamente de otros aspectos de la escolaridad, particularmente de las formas de enseñanza, aprendizaje e interacción dentro del aula. Cualquiera que sea el contenido del currículo, la igualdad no se logrará si el ambiente físico no apoya un acceso igual a la educación.
El currículo es tan bueno como los docentes que lo imparten. A pesar de las extendidas desigualdades de género fuera de la escuela, los maestros y maestras pueden hacer la diferencia dentro de la escuela. Si los maestros asumen que una niña puede aprender matemáticas, esto afectará su aproximación a la enseñanza de las niñas y sus expectativas de lo que las niñas pueden lograr en esta materia.
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